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Crónica de un celular

No es bueno apegarse a las cosas materiales, estoy consciente de ello. Pero en este momento, me cuesta mucho superar el hecho de que mi celular ha tomado un camino distinto al mío. Y de que nadie lo valorará como yo.

Nuestra historia inició en Junio de 2005, cuando decidí viajar a la ciudad de México, y cambiar de compañía telefónica, por una que me diera cobertura nacional. Todo como parte de mi autocelebración de cumpleaños: concretar el sueño de conocer a un grupo de amigos que había hecho a través de internet en un grupo de anime.

Estrené mi teléfono en ese viaje, sin haber leído nunca el manual. Mi esposo lo llenó con fotos y videos de mi hijo, de entonces cinco años, y yo con trabajos entendía como hacer llamadas telefónicas a través de él; y después de esos primeros días, me llegó una de las cuentas más altas que he pagado de teléfono, gracias al bendito roaming.

Pero la anécdota memorable en esos días, fue que mi pequeño teléfono gris marca Sagem sobrevivió a su primer robo. Esta anécdota la publiqué originalmente en candycandyfanfics, un grupo de yahoo, y la transcribo en esta ocasión:

Miércoles 5 de Julio de 2005:
Pues, aqui va, para la posteridad. Resulta que como algunos por aqui saben, en días pasados anduve de visita (por primera vez) por la hermosa ciudad de México; para quienes no sepan, soy de La Paz, Baja California Sur, con una población de 150000 habitantes, osea que todos cabemos en el zócalo, jeje; mi querido primo Tonatiuh, con suficiente tiempo libre, se encargó de ser mi guía de turistas (y de despeinarme de a gratis, pero esa es otra historia).

El viernes 24 de Junio, cumplí el único encargo que mi hijo me hizo, de comprarle una linterna, así que la metí en mi bolsa, junto con los tres paquetes de pilas que compré por diez pesos, pero como mi bolsa de mano era muy chiquita, se me hizo fácil sacer el celular de la bolsa y ponerlo en la funda y sujetarlo en mi pantalón (es que estaba mandando muchos SMS y se me complicaba estar abriendo la bolsa, sacando linterna y pilas, y reacomodar cada vez para poder usar el teléfono).

Así anduve todo el día, y ya en la tarde, cuando iba de regreso al hotel, con Tonah, como acompañante, nos subimos al metro en horas pico. Ibamos (como aprendí a decir al día siguiente) hasta el queque, yo llevaba en las manos mi bolsa, según yo muy segura, y mi inseparable botella de agua. A mi lado derecho, iba un señor bajito (o sea de mi estatura) con una chamarra amarilla, que parecía impermeable pero no era, era chamarra. Entre el amontonadero, sin querer, lo golpeé en la cabeza con mi botella, me disculpé y muy atento me dijo que estaba bien, que no había problema.

Nos subimos al metro en la estación de Hidalgo, y cuando el metro comenzó a detenerse en bellas artes, tuve una sensación extraña, ya que el hombre de la chamarra amarilla, bajó los brazos pero no me manoseó (bueno, no es que quisiera que lo hiciera, pero hasta ese momento, Tonah solo me habia dicho que tuviera cuidado a esas horas porque manoseaban). Le ví intenciones de bajarse del metro en cuanto este parara completamente, y con esa sensación extraña, le reclamé "oiga, se robó mi teléfono" el hombre lo negó, y yo volví a reclamarle, con la misma frase, volviendo a recibir una negativa.

De hecho, fue hasta ese momento que volví la cabeza para ver mi funda, y efectivamente, no estaba mi teléfono. Se abrió la puerta del metro, y el sujeto comenzó a bajarse. En ese momento me desesperé, y le agarré la mano en el aire, exigiendo que me devolviera el teléfono; el hombre volvió a negar que lo tenía, y se bajó, entonces me bajé junto con él, y Tonah, pues también se bajó.

Con el pendiente de que tal vez estaba reclamándole a quien no tenía nada que ver en el asunto, y que tal vez mi teléfono habría caído accidentalmente, volví la cabeza hacia el interior del tren, para descartar la posibilidad de que se fuera llevandose mi telefonito que había comprado específicamente por ese viaje, y un hombre dentro del metro, de brazos cruzados, me dice " si se lo robaron", "Sí" contesté "me lo robaron" y al voltear nuevamente para ver a mi sospechoso, resulta que ya se había ído, y volteo a ver a Tonatiuh (que se veía de lo mas tranquilo) y le digo "¡¡Tonah, me robaron el teléfono!! ¡¡Ve por él!!"

En ese momento, Tonah corrió por quien le dije que era mi sospechoso. Después me comentó que si pensaba que me lo habían robado, pero estaba buscando a quien tenía cara de culpable, pues el hombre que yo señalaba se había ido caminando como si no debiera nada, y por eso tardó en ir tras él.

En ese momento yo estaba histérica, pero en menos de dos minutos, veo regresar a Tonatiuh, muy serio, y cuando me vió, levantó la mano ¡¡¡con mi teléfono!!! me lo dió, y lo abracé muy fuerte. La verdad que venía muy enojado, entonces me contó que alcanzó al señor, y que al pedirle el teléfono, este seguía negando el robo, así que le abrió la chamarra, y ahí encontró mi telefonito. Que dudó entre entregarlo a la policía, pegarle una soberana madr... o llevarme el teléfono, porque según yo traía prisa.

Ya después, yo ya de buenas, me dijo que no le preocupaba tanto el teléfono, sino la maltratada que yo le daría si no lo recuperaba (Tonah, ¿me sabes algo?, jaja, sip, ya me conoce).

Y bueno, ese fue el único asalto que viví en México, y gracias a Dios, y a Tonatiuh, por supuesto, quedó solo como anécdota. Ahora ya se que en el metro no debo traer nada suelto, a menos que no me interese .


Y sin embargo, esa no es la única anécdota de mi teléfono. Me gustaba por rígido, por las teclas firmes, aguantaba golpes, y aunque solo tenía dos juegos incluídos, era excelente compañía. Cuantas llamadas, cuantos mensajes, excelente señal donde quiera que estuviera.

Un día, hace alrededor de dos años, me ofrecieron con la renovación de mi contrato un cambio de equipo, y acepté a regañadientes, porque me sentía muy cómoda con mi Sagem gris. Tal vez por eso mi nuevo teléfono se dejó robar tres meses después, porque no se sintió tan valorado. Cuando hice mi cambio de aparato, le cedí a mi hijo el sagem, así que cuando mi nuevo Nokia fue robado, mi esposo me cedió un teléfono que él había descontinuado a fin de que yo pudiera ponerle el chip con mi número que ya había solicitado en reposición.

Pero no me sentía cómoda con ese cambio de aparato, y decidí intercambiarlo con mi hijo, quien me devolvió mi sagem con algunos golpes más de los que ya tenía, pero todavía con excelente recepción y calidad de imagen.

Y justo a tiempo hice ese intercambio, porque unas semanas después, alguien se metió por fuerza a mi casa, y, efectivamente, se robaron el celular de mi hijo.

En ese momento, creí que mi celular estaría para siempre conmigo, y hasta lo apodé "anti-robos" e "imperdible", ya que siempre se escapaba por un pelito de cualquier posible situación de riesgo.

Hace algunas semanas, lo confieso, sufrió una de sus peores caídas, y desde entonces se apagaba y encendía solo, y algunas de sus flechas dejaron de funcionar en la dirección correcta. Me di cuenta que se acercaba el momento de cambiarlo por otro, pero lo dilaté lo más que pude, porque junto con él van tantos momentos de mi vida, que lo siento como una extensión de mí. Sé que resulta incomprensible, pero así es.

Y sin embargo, ayer lunes noté su ausencia. Simplemente no apareció por ningún lado, ni en mi bolsa, ni en mi carro, ni en mi casa, lo marco y manda al buzón... y yo sé que tiene carga, porque lo cargué el sábado, y le dura cinco días enteritos. Mi teléfono es un viejo con el corazón fuerte.

La única explicación que he encontrado para su extravío, es que probablemente lo perdí en el cine, en el momento que lo saqué de mi bolsa de mano para apagarlo antes de iniciar la función, pero al preguntar por él, nadie supo nada.

Sé que si alguien lo tiene, no le va a servir. Cuando lo compré ya era un modelo descontinuado, y no es fácil encontrarle un cargador. Ha sufrido muchas caidas y está todo tembleque, no será fácil obtener un peso por él. Y duele saber que nadie lo apreciará como la reliquia que es.

Pero ahora, recordando esos momentos cinco años con mi teléfono, me siento como en esas escenas nostálgicas y cursis de las películas, donde me veo en medio de un jardín de flores, con un vestido de gasa y una corona de flores en la cabeza, corriendo con mi teléfono, el cual es de tamaño gigante y me da la mano, y giramos al ritmo de la canción "can´t take my eyes off of you".

Así que, aunque aún no estaba lista para dejarlo ir, tengo que hacerlo, y seguir mi vida con otro teléfono, al cual le pondré un chip con el mismo número.

Te extrañaré pequeño Sagem.
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El Tornado (cuento)

Un hermoso, claro y despejado cielo azul, y en menos de un minuto, de la nada, uno, dos, tres… cinco tornados, era un espectáculo hermoso por lo inusual, y aterrador por la cercanía. Raúl estaba paralizado, sin saber que rumbo tomar, nunca había visto un tornado, mucho menos había imaginado que vería cinco el mismo día, el mismo minuto, y solamente a unos metros de él. Quería correr, sabía que nada bueno ocurriría si no encontraba un refugio pronto, pero ¿cómo encontrarlo en medio de un parque, al aire libre?; volteó alrededor con rapidez, con la esperanza de encontrar un lugar, de correr y ponerse a salvo, pero estaba demasiado lejos de todo, el tornado ya se cernía sobre ellos, sobre él y su novia, a quien por el pánico momentáneamente olvidó. Ya el viento le golpeaba el rostro, y paralizado por el terror, solo acertó a cerrar los ojos… y a rezar en su mente.

De pronto, todo cesó, el cielo volvió a ser completamente azul, como si nada hubiese ocurrido. Confundido, Raúl abrió los ojos, y su cuerpo se relajó, si es que se puede relajar un cuerpo que pesa tanto como nunca en su vida lo había sentido; pero estaba acostumbrado a ser fuerte, a proteger, y sin quitar la vista del frente, estiró su brazo derecho para aferrar a Melina, buscando protegerla, aunque fuera de manera tardía, así como aferrarse a algo para no perder el piso… pero su mano solamente alcanzaba el vacío. Desorientado, volvió lentamente su rostro, encontrándose con la nada. Buscó durante varios minutos, sin resignarse a aceptar que ella desapareció en medio de un tornado.

Raúl despertó en medio de gritos, ahogando el deseo de llorar, pues los hombres no deben llorar, pero estaba cansado del tiempo que había transcurrido sin encontrar una respuesta a sus preguntas. No había sido una noche diferente. La pesadilla se hizo presente, tal como la noche anterior, y la anterior, y la anterior a esta… pero este deja vú no disminuyó el dolor, ni la ansiedad, como si fuera la primera vez que presenciara la escena… como si se tratara de la misma tarde en que la vió por última vez.

Como cada mañana, se levantó y vistió con lo primero que encontró, sin detenerse a pensar si era ropa sucia. Sin acordarse de tomar un desayuno salió rápidamente, y siguió con celeridad la que ahora era su ruta habitual: derecho al parque donde la vio por última vez, sin quitar su mirada del cielo, esperando el perdón de quien sea que se la hubiera llevado, extraterrestre o Dios. Esas y otras posibilidades le habían cruzado por la mente, tratando de encontrar en lo ilógico las respuestas tangibles sobre el paradero de su amada que toda la fuerza policiaca de la región no había podido obtener, pues al menos él nunca oyó hablar de ese hecho en los noticieros.

Lo que él menos entendía, era porqué nadie más había desaparecido. Recordaba el parque lleno, pues fue un día feriado, personas por todos lados esperando el avance de un desfile, y de pronto los tornados se cernieron sobre todos ellos, llevándose únicamente a Melina, como si ese hubiera sido su propósito desde el principio. Pero Raúl nunca olvidó, pues aún conservaba el anillo que había comprado para Melina, con el cual planeaba pedirle matrimonio ese mismo día en que ella desapareció.

Raúl caminaba lentamente alrededor del parque y entre los árboles, mirando el cielo, y luego a los rostros de los pocos paseantes que en ese día laboral visitaban el lugar: algunas personas ejercitándose, un grupo de chicos, tal vez de secundaria, de pinta de la escuela, a juzgar por sus expresiones, y algunos vendedores. En todo cuanto veía trataba de encontrar una respuesta, tal vez en vano, como los días anteriores, pero sin pensar en rendirse.

Por fin el sol se ocultó, y a regañadientes decidió marcharse, sin haber resuelto nada durante ese día, resignado a esperar la mañana para continuar su búsqueda donde la había dejado. Recordó entonces que no había comido nada durante todo el día, y se acercó a un vendedor ambulante, quien en ese momento atendía a varios chicos. Mientras esperaba su turno, Raúl observó que esos chicos, eran los mismos que había visto temprano en la mañana, al llegar al parque, y le sorprendió un poco que siguieran ahí, como si nadie en su casa los esperara, como si no les hubiera ocasionado ningún problema haberse ido de pinta. Pero entonces los chicos, sin haber comprado nada, agradecieron al vendedor y se fueron, y Raúl los siguió con la mirada, hasta verlos cruzar la calle y alejarse del parque, y lo que sucedió entonces lo sorprendió: en lugar de llegar al otro lado de la acera al cruzar la calle, un campo espeso de luz se abrió para ellos, y se perdieron en la luz.

Sorprendido, volteó a ver al vendedor, quien al ver su expresión, le dijo:

-Por mucho tiempo te he visto deambular por aquí, y si te hubieras acercado antes, ya habrías obtenido la respuesta que buscas.

-No lo entiendo- contestó él – ¿cómo puede saber que es lo que busco?

-Estás perdido en un recuerdo fijo de tu mente, en ese último momento, y es natural, a todos les sucede. Pero has estado buscando las respuestas equivocadas, y por eso no pudiste ver la verdad.

Raúl no supo que preguntar, pero miró fijamente el rostro del vendedor, y entonces notó una luz que parecía emanar de él. El hombre le sonrió con indulgencia.

-No es fácil de entender, lo sé, por eso estoy aquí para ayudarte. Tu último recuerdo es el de un tornado, tan fuerte, que podría haber devastado todo lo que tocara, y sin embargo, solo se llevó a un ser querido para ti, y todo lo demás siguió intacto. Pero, en tu búsqueda de explicaciones, ¿te has detenido a pensar lógicamente los hechos?

-¿Qué quiere decir con eso?- preguntó mientras sentía un vuelco en su corazón, ante la certeza de que por fin obtendría una respuesta.

-¿Se te ha ocurrido pensar la posibilidad de que todo haya sido alrevés de cómo lo percibes? ¿De que tú y todos los demás que quedaron en el parque hayan sido las víctimas del tornado, y Melina, tu novia, la única sobreviviente?

Como balde de agua fría, la pregunta del hombre cayó sobre Raúl, con la única posibilidad que no había analizado. Pero entonces lo sintió, recordó que desde aquel día, no había hecho más que ir del parque a su casa, y de su casa al parque. Se percató que siempre era la misma ropa la que utilizaba, que nunca comía, que no había tenido contacto con su familia, con sus amigos… y supo que pregunta debía hacer, pero no se atrevió.

-¿Qué es este lugar?- preguntó tratando de alargar la llegada de lo que sabía era la respuesta inevitable.

-Este es tu lugar de transición- respondió el hombre- el lugar en el cual debes aceptar como y de que forma has muerto antes de cruzar.

-Entonces… ¿estoy muerto?- preguntó en voz baja pero audible, encontrando sentido a sus palabras.

-Como todos los que pasan por aquí, y que deambulan mientras no lo saben.

Y Raúl no pudo evitar voltear a ver quien más se encontraba en el parque, y vio personas ejercitándose, y familias, y personas solitarias, pensativas… caras que había visto a lo largo del día, y algunas a lo largo de muchos días, pero sin prestarles mayor atención.

-Algunos, los que lo entienden pronto, encuentran la luz y el eterno descanso en sí mismos. Hay muchos como tú, que deambulan aquí durante lo que les parecen días, meses, y hasta años, hasta que por fin se acercan a mí, y yo les ayudo a cruzar al lugar donde su alma puede descansar en paz. Y por fin ha llegado tu momento.

-Pero… y Melina… ¿nunca le ocurrió nada malo?

-Nada malo- escuchó de pronto una voz amada y familiar- salvo lo inevitable, lo que debía ocurrirme, lo que nos ocurrió juntos. Y que bueno que al fin lo comprendiste, porque ahora podemos reunirnos.

Raúl volvió el rostro lentamente, consciente de que la voz detrás suyo era la de Melina, y la vio más hermosa que nunca, resplandeciente desde sus cabellos hasta sus vestiduras, sonriéndole como ella sabía hacerlo.

-Siento haberte hecho esperar demasiado- dijo acercándose a ella y tomando sus manos entre las suyas, asombrado de poder sentir el contacto corporal. Nunca pensó que la muerte pudiera ser tan dulce.

-No tanto tiempo como la eternidad que nos espera juntos- y lo besó, de la forma que él había soñado, anhelado y recordado durante tanto tiempo.

FIN

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No más martes valkyriano



Aún recuerdo aquellos días en que eramos el grupo "privilegiado" el grupo al que todas las demás querían entrar, sin embargo esos días pasaron hace tanto tiempo que a veces tengo que forzar mi memoria para recórdarlos.

Esos días eran frenéticos hacíamos tantas cosas y estabamos en tantos proyectos que el tiempo apenas alcanzaba, los desvelos eran continuos, pero todo ello no importaba porque era realmente divertido pasar esas noches riendo e inventando cosas locas.

Fueron noches que me dejaron la marca de ojeras durante tanto tiempo que llegue a pensar que serían permanentes.

Pero las cosas cambiaron, tal vez era tiempo de que cumpliera su ciclo, no estoy segura aún. pero aquel grupo privilegiado se convirtió en un grupo de renegadas que comenzaron a tener problemas con otros grupos... pero aún así siempre nos mantuvimos juntas.

Más que un grupo de defensa en el candymundo, eramos un grupo de amigas que habían estrechado su amistad a lo largo de las noches en vela. O al menos eso pensaba yo, porque al paso de los años comenzamos a sonar como la canción de los perritos...

De las 10 que me quedaban, ya nada más somos 3
¿Puedo aún llamar a los martes valkyrianos? A veces los compromisos de trabajo y diferencias horarias hacen como lo fue la pasada noche, que el martes se convirtió en miércoles.

Ya no lo llamaré martes valkyriano, no obstante a las noches que pasaré con mis dos amigas valkyrianas que aún continuan al pie del cañón seguiré diciendo con orgullo.. "NOCHES VALKYRIANAS"

Sí, nos lo merecemos, hemos aguantado los embates del tiempo, de otros grupos y lo peor de todo de las mismas que se decía nuestras amigas y colegas. Y a pesar de todo.... ¡Las Valkyrias Rules!
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Iniciando este blog


Soñando

Y pues inicio este nuevo blog, para nosotras las editoras de la Revista Sueños, aún tenemos muchas otras cosas que compartir.

Aún en días como hoy, después de una semana difícil, donde iniciando otra la cual parecía que prometía, pues no lo ha sido tanto, no obstante nos seguimos permitiendo soñar, seguir esos sueños a pesar de las malas noticias, o de lo que la gente nos dice, a pesar de que los amigos dan la espalda (incluso aquellos que decían que nunca lo harían) y que a veces se comportan peor que si fueran tus enemigos. Pues sí, aún con eso a nuestras espaldas, nos seguimos permitiendo soñar.

Yo continuaré soñando, y les seguiré compartiendo parte de ellos.
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