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Dijo mi mamá que siempre no

Aún recuerdo mis días en la escuela primaria, cuando inocentemente creía que los conceptos que me enseñaban eran absolutos.
Poco a poco aprendí que la historia no es solamente la que me enseñaron como tal en la escuela, sino que se va generando día a día,y que los eventos relevantes de mi época de estudiante ya son factibles de ser encontrados en libros de texto. También aprendí, para mi decepción, que la historia da la razón a los vencedores. Con el paso del tiempo esa puede ser una apreciación insignificante, pero cuando una reforma política se está gestando, antes de ser historia, si es una razón de peso quien tiene la razón y quien es el vencedor.
En cuanto a las ciencias naturales, creí que todos los temas relacionados eran absolutos, y sin embargo, ya he sido testigo (por lo menos noticiosamente) de la desintegración de un famoso cometa (Haley) gracias a un error científico. He sido testigo de como los planetas se reducen de nueve a ocho, cuando en los programas futuristas de mi infancia se pronosticaba que para estos tiempos serían once los planetas que los chicos deberían estudiar... y mi abuelita dice que en sus tiempos de escuela estudiaban muchos menos.
Incluso, cuando de niña creí que no faltaba ya nada por inventar o descubrir, ahora me entero de la cantidad de ciencias nuevas que se han ido gestando, con el avance científico y tecnológico de la humanidad. Aquí aplica la pregunta: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?
Y sin embargo, casi entro en un shock nervioso cuando la Real Academia de la Lengua Española anunció sus últimas reformas a la palabra escrita, olvidando de repente que el lenguaje escrito, como todas las actividades relacionadas con la humanidad, están en constante evolución y cambio. Si todavía es posible encontrar en muchas regiones personas que hablan o escriben incorrectamente, porque esas palabras alguna vez fueron correctas, si cada día, gracias a la globalización, es fácil encontrar castellanizadas palabras de otros idiomas, y que pugnamos porque se incluyan en nuestro vocabulario autorizado, ¿porqué hacer un drama de las reformas a lo que hasta ahora he conocido y me preciaba de dominar?
Acostumbremonos, todos los conocimientos son susceptibles de mejorarse, ampliarse o desecharse. Y como sabiamente dijo Albert Einstein "nada es absoluto", y esto es absolutamente cierto.
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La equilibrista

Alguien recientemente utilizó esa palabra para definirme, cuando al preguntarme que hago en la vida relacíoné todas mis actividades: soy contadora, y por lo pronto laboro como auditora para una entidad; pertenezco a una orquesta sinfónica,y mi lugar está dentro de la sección de los violines segundos; escritora incipiente dentro de una revista virtual; casada hace casi catorce años, con un hijo de casi once... y un montón de sueños esperando su turno para empezar a cumplirse.

Me han analizado como una persona altamente insatisfecha, al tiempo que necesito dividir mi atención en tantas cosas para sentirme viva... si supieran que no son ni la mitad de las que quisiera estar haciendo. Pero no concibo otra forma de llevar el día a día como no sea saturar mi mente y mis horas con diferentes actividades y pensamientos.

Hasta resulta sano para mi familia que yo tenga mis propias cosas que hacer, así no estoy sobre ellos y les permito tener una libertad, de la que seguramente no gozarían si mi vida girara únicamente alrededor de ellos.

Y sí, soy equilibrista, porque aunque he tratado, no puedo definir ninguna de mis actividades como prioridad, y brinco de una a otra dependiendo del momento. Hay quienes opinan que las obligaciones van primero, y yo me rehuso a ello. Hay quienes no dudan en recomendar que la prioridad son los sueños... pero de sueños no se come.

Todo es prioridad, algunas cosas en un momento, otras en otro. La realidad en que vivo y los sueños que en mí habitan son igual de importantes para mí. Es cansado ser equilibrista, pero altamente gratificante, porque estoy cumpliendo la principal meta que tengo en la vida, la que a final de cuentas resulta mi única motivación: vivir.
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Criando Pingüinos

Me he levantado, muy cansada, pero eso sí con mucha alegría porque después de muchos desvelos la revista quedó lista. Esto aunado a que hubo cambio de horario, aunque no le he visto nunca tal beneficio a los cambios de horario de verano a invierno, pero pues creo que no queda mucho más que aceptarlo, porque no importa que tanto me queje lo seguirán haciendo. Por lo menos este cambio de horario se acopla más a mis costumbres vampírescas en que paso gran parte de la noche sin dormir, una hora más de sueño (aunque sea meramente psicológico) es agradable.



Pingüinos

Desde hace tiempoque he adoptado la costumbre de camino al trabajo (cuando voy a la oficina) de no estresarme por el tráfico, hace mucho que deje de escuchar la radio... de hecho tenia años que él único programa que escuchaba era el que conducía Chaparro y Facundo (¡Ya párate!), no obstante, desde hace como dos años que ya no lo hago, ahora suelo llevar música, sólo la que me gusta para no tener que escuchar comerciales, me he dado cuenta de que escuchar tantos comerciales aumenta el estres, así que prefiero escuchar música, de toda, nueva, viejita, de todos géneros y artistas, porque al final lo importante es es empezar el día con algo que ya sabes que te agrada, algo que te distraera de lo agotante que es trasladarte por las calles de una ciudad contaminada por la basura que la gente tira, por los carros y los malos conductores (que te preguntas cómo es que les dieron una licencia para conducir). Y pues aunque tal vez no sea el método más ortodoxo, al menos me ha dado resultado, no llegó estresada al trabajo llego siempre tranquila.

El día comienza como todos conectar la computadora, verificar los correos nuevos, responder los que hagan falta, ir tachando de la agenda los pendientes que ya se hicieron, las interminables juntas... una tras otra, perjudicando la productividad, en fin allá ellos, prefieren tener a miles de gentes con esta metodología de trabajo, como siempre digo, mientras me sigan pagando pues seguire perdiendo el tiempo en sus juntas sin sentido.

Sí, todo parece ir normal, pero entonces comienzo a recordar el porque no me gusta venir a la oficina... a eso de media mañana comienzo a sentir mis manos que a pesar de tener horas tecleando están entumiéndose del frío. Y no solo las manos, las piernas y la espalda, siento frío en todo mi cuerpo. Alzo la cabeza para ver si veo a alguien más que este sufriendo lo mismo pero veo a todos tranquilos como si estuvieran con un clima tropical. Y entonces lo peor, me doy cuenta de que he olvidado mi suéter en casa, que no es nada raro cuando has amanecido a 20°C... comienzo a frotarme las manos, creo que los demás ya piensan que tengo complejo de mosca. Me levanto de mi lugar  y salgo a donde esta el sol. Tengo que repetir esa operación unas cuantas veces, pero cuando hay juntas es imposible hacerlo. Así que tengo que esperar en el gélido ámbiente.

Hay veces que hasta tocar el escritorio, es como tocar hielo, a veces me sorprende no ver nevar aquí dentro de la oficina, quisiera decir que esto es cuestión de la estación, pero aquí no importa la estación que sea siempre es igual, en la primavera cuando afuera hay un buen clima, en el verano cuando es caluroso, en el otoño que empieza el frío y no digamos en el invierno que tanto dentro como fuera el frío es lo que prevalece.

Es cuando pienso, tengo que quedarme mejor en casa, allí no sufro de esta situación...

Así que mañana cuando despierte, antes de emprender mi camino a la oficina tengo que recordar, en la empresa para la que trabajo, no solo fabrican computadoras y otros gadgets, ¡sino que también se dedican a la cría de pingüinos!
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